Una tarde, sentado en el tejado de mi habitación, miro hacia el horizonte. Un hermoso atardecer se proyecta majestuoso en un cielo rojizo. Al ver tal cuadro, se me vienen a la mente esas películas románticas americanas. En las cuales el atardecer es el momento perfecto, para que las parejas, puedan expresar con sumo fervor sus sentimientos.
Un hermoso y perfecto cuadro para poder elevar un voto de
amor entre los enamorados, un juramento a la tenue luz del ocaso. Un juramento
sellado con las esperanzas y anhelos de aquellos que caen presos sin remedio en
las garras del rollizo Eros; pero toda aquella confabulación de azúcar y melaza
deja también entrever algunos matices no tan dulces.
Mientras algunos contemplan el ocaso en
gentil y suspirante compañía, yo me pregunto, ¿qué pasa con aquellos que no
cumplen las expectativas de otros? ¿Dónde quedan aquellos que amaron antes con igual
o mayor intensidad? ¿Dónde se refugia y cobijan las viejas promesas y
esperanzas?
¿Será que todos los amores no
correspondidos, al pasar el tiempo, llegan a convertirse en el amor ideal de
otra persona? ¿Podríamos hablar de un amor de segunda mano? Pueda ser que la
persona indicada para cada persona tuvo que ser primero rechazada antes de por
fin lograr encontrar a alguien que pueda corresponderle?
El amor, como todo juego de azar, funciona
con el todo o nada como algunas canciones mencionan, “a veces dura el amor, otras solamente duele”. Aún así
lo que hace más difícil al amor es la mentalidad del “algo mejor” que algunos
profieren aunado a la falta de compromiso real. Las personas encuentran a
alguien “especial” pero en algunos casos aún siguen buscando a alguien más, a
alguien “más especial” en un círculo vicioso que no encuentra fin.
Aún así, siendo positivos (cosa que no me
viene muy fácil), escuché algún tiempo atrás un frase un tanto condescendiente
pero tierna en el fondo: “Encontramos primeros a personas que nos dañan, para
poder y finalmente ser capaces de apreciar (y sobretodo identificar, en este
contexto) a ese ser especial”
Entonces, no somos (porque me incluyo)
solamente, amores de segunda mano sino…. un amor “en la banca”, esperando la
llamada a jugar…..


